En el tema de Las industrializaciones atrasadas e insuficientes hemos estudiado aquellos países pertenecientes a la periféria de Europa, cuya incorporación a la indústria fue tardía y que se caracterizan por tener un sistema agrário precario y tradicional. Holanda y Escandinávia son dos ejemplos de dos países donde escaseaba el carbón pero el facto que ayudó al crecimiento de ambos fue la abundancia de materias primas demandadas por los grandes mercados y su proximidad por lo que facilitó la exportación. también ayudó la mejora del transporte la alfabetización y la educación técnica.
Otro ejemplo de países retrasados fueron España y Itália, ambos poseian carbón y otras materias primas demandadas y el capital de inversión era extranjero. A pesar de eso sus mercados eran pequños y poco profundos, además su política era proteccionista en cuanto al comercio y el sistema educativo era precario. Una precariedad que en el caso de España arrastra asta nuestros tiempos. Si relacionamos la situación del sistema educativo de España con los países avanzados de Europa en es siglo XIX y el XXI vemos que es similar.
De acuerdo con un estudio de la Fundación La Caixa, elaborado por el sociólogo Oriol Homs,
la diferencia de población entre la UE y España con estudios medios y superiores se cifra en 20 puntos porcentuales (76,6 por ciento frente al 57,6). Una diferencia que hace menos competitivo y más frágil al mercado laboral de nuestro país. «Nos faltan formaciones intermedias y nos sobran personas no cualificadas. De esta manera, no podemos ser competitivos. Un sistema sólido se consigue con una base media fuerte», afirma Oriol Homs. Un error de base A pesar de que se han logrado avances en los últimos años dentro de la FP, el alto fracaso escolar en la Educación Secundaria impide que gran parte de los jóvenes accedan a formaciones intermedias. Por lo tanto, llegan al mercado laboral sin poseer una cualificación adecuada. El porcentaje de jóvenes que abandonan el sistema educativo de forma prematura alcanzó en 2007 el 31 por ciento, frente al 14,8 de media de los países de la UE. Gracias a que en la actualidad es posible retomar estos estudios, parece que la FP tiende a revalorizarse. Esta estimación está impulsada, en parte, por los buenos resultados de inserción laboral que ofrecen estos ciclos. Aun así, España es uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en los que prevalece el Bachillerato y la universidad sobre los ciclos formativos. Para Oriol Homs, el camino a seguir es claro: «Hemos de aprovechar esta crisis para transformar ciertos puntos de los ciclos formativos. Si no lo hacemos, no mejoraremos el sistema financiero, y por lo tanto, tampoco la competitividad».
Otro ejemplo de países retrasados fueron España y Itália, ambos poseian carbón y otras materias primas demandadas y el capital de inversión era extranjero. A pesar de eso sus mercados eran pequños y poco profundos, además su política era proteccionista en cuanto al comercio y el sistema educativo era precario. Una precariedad que en el caso de España arrastra asta nuestros tiempos. Si relacionamos la situación del sistema educativo de España con los países avanzados de Europa en es siglo XIX y el XXI vemos que es similar.
De acuerdo con un estudio de la Fundación La Caixa, elaborado por el sociólogo Oriol Homs,
la diferencia de población entre la UE y España con estudios medios y superiores se cifra en 20 puntos porcentuales (76,6 por ciento frente al 57,6). Una diferencia que hace menos competitivo y más frágil al mercado laboral de nuestro país. «Nos faltan formaciones intermedias y nos sobran personas no cualificadas. De esta manera, no podemos ser competitivos. Un sistema sólido se consigue con una base media fuerte», afirma Oriol Homs. Un error de base A pesar de que se han logrado avances en los últimos años dentro de la FP, el alto fracaso escolar en la Educación Secundaria impide que gran parte de los jóvenes accedan a formaciones intermedias. Por lo tanto, llegan al mercado laboral sin poseer una cualificación adecuada. El porcentaje de jóvenes que abandonan el sistema educativo de forma prematura alcanzó en 2007 el 31 por ciento, frente al 14,8 de media de los países de la UE. Gracias a que en la actualidad es posible retomar estos estudios, parece que la FP tiende a revalorizarse. Esta estimación está impulsada, en parte, por los buenos resultados de inserción laboral que ofrecen estos ciclos. Aun así, España es uno de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en los que prevalece el Bachillerato y la universidad sobre los ciclos formativos. Para Oriol Homs, el camino a seguir es claro: «Hemos de aprovechar esta crisis para transformar ciertos puntos de los ciclos formativos. Si no lo hacemos, no mejoraremos el sistema financiero, y por lo tanto, tampoco la competitividad».